La inteligencia artificial no solo está transformando la forma en la que trabajamos, jugamos o nos comunicamos. También está reordenando silenciosamente las prioridades de toda la industria tecnológica, y las consecuencias ya empiezan a sentirse en uno de los pilares del hardware moderno: la memoria RAM. De mantenerse la tendencia actual, 2026 podría convertirse en un año clave de subidas de precio para consolas, PC, tarjetas gráficas y hasta autos, con la IA como principal responsable.
La RAM, el nuevo oro de la era de la IA
El epicentro del problema está en un mercado extremadamente concentrado. Micron, Samsung y SK Hynix controlan cerca del 90% de la producción mundial de memorias RAM, y en los últimos meses han redirigido gran parte de su capacidad hacia su cliente más rentable y estratégico: los centros de datos dedicados a inteligencia artificial.
Según varios analistas del sector, los precios de la RAM no solo seguirán subiendo, sino que podrían duplicarse de aquí a finales del 2026, en un escenario que algunos expertos ya califican como “el más extremo y desordenado que se recuerda en la historia de la memoria”. Las DDR5, sin ir más lejos, ya cuestan varias veces más que hace apenas unos meses, y la tendencia sigue al alza.
Centros de datos primero, consumidores después
El motivo es claro: los centros de datos para IA consumen cantidades ingentes de memoria y generan márgenes mucho más altos que el mercado de consumo. Las previsiones apuntan a que en 2026 hasta el 70% de toda la producción de RAM irá destinada a infraestructuras de datos, dejando a fabricantes de dispositivos electrónicos compitiendo por un suministro cada vez más limitado.
Aunque los grandes gigantes tecnológicos —como Apple, Nvidia o Google— están relativamente protegidos gracias a contratos cerrados con años de antelación y precios fijados, el resto de la industria no corre la misma suerte. Fabricantes de PC, móviles y componentes dependen del mercado spot, donde los precios fluctúan y la disponibilidad no está garantizada.
Consolas, gráficas y autos: el impacto en cadena
Las consolas de videojuegos, con Nintendo y Sony a la cabeza, también cuentan con acuerdos de suministro a medio plazo, pero incluso ellas han reconocido que el encarecimiento de la RAM ya está afectando a sus costes de producción. Si la situación se prolonga más de lo previsto, no se descartan ajustes de precio o cambios en los modelos de venta, como packs obligatorios o revisiones de hardware más caras.
En el caso del PC, el panorama es aún más delicado. Los analistas estiman que las ventas podrían caer entre un 5% y un 10% en el peor escenario, empujadas por el encarecimiento de componentes clave. Algunas empresas ya están recurriendo a soluciones de emergencia: buscar memorias en fabricantes chinos alternativos o incluso reutilizar módulos de segunda mano que siguen siendo funcionales.
El problema no termina ahí. La industria del automóvil tampoco es inmune. Los autos modernos dependen cada vez más de sistemas electrónicos avanzados, pantallas, sensores y chips, lo que los convierte en otra víctima potencial de esta escasez de memoria.
Una solución que no llegará pronto
Los grandes fabricantes de RAM están ampliando sus plantas de producción, pero esas nuevas instalaciones no alcanzarán plena capacidad hasta 2027, y los efectos reales no se notarían hasta 2028. Hasta entonces, la oferta seguirá siendo limitada y los precios difíciles de estabilizar.
Además, se estima que la memoria RAM pasará de representar aproximadamente un 10% del coste de un dispositivo a cerca del 30%, un salto enorme que terminará trasladándose, de una forma u otra, al consumidor final.
Un futuro más caro… y dominado por la IA
Todo apunta a que estamos entrando en una etapa en la que la inteligencia artificial marcará las reglas del juego del hardware. Nvidia y AMD ya podrían subir el precio de sus tarjetas gráficas este mismo año, y lo que hoy parece un ajuste puntual podría convertirse en la nueva normalidad del mercado.
La pregunta ya no es si pagaremos más por consolas, PC o autos, sino cuándo y cuánto. Y en esta carrera, la IA lleva el volante firmemente agarrado.









